jueves, 6 de mayo de 2010

A LOS CUARENTA

A LOS CUARENTA
A los cuarenta cuando un hombre revisa su pasado, seguramente
Debe preguntarse qué es lo que esos años vividos le han enseñado.
Si he aprendido algo en la red sutil del tiempo, es la virtud de la
tolerancia de la moderación en el pensamiento y en la acción, de la
aceptación del prójimo. También he reconocido la gran ilusión que
hay en el seguir una meta meramente material.
¡Qué satisfacción tan ligera hay en el honor temporal y en la
grandiosidad mundana!
Todas las posesiones materiales por las que he luchado tan
arduamente significan menos que una mirada de amor de
aquellos a quien amo.
Sobre todo, estoy convencido de la necesidad irrevocable de Dios
para cada corazón humano. No importa de qué forma intentemos
escapar, perdernos a nosotros mismos en una búsqueda incesante,
no podemos separarnos de nuestra fuente divina.
No hay sustituto de DIOS
ARCHIBALD JOSEPH CRONIN

martes, 4 de mayo de 2010

VIGILANDO LA BARCA

Jesús anduvo sobre el agua ¡Esto es asombroso!
Es un verdadero milagro, la evidencia del gran poder de Dios.
Pero algo especial también sucedió en ese momento que debería de llevarnos a maravillarnos aún
más. Me refiero a la compasión de Jesús y su cuidado por sus amigos.
“Después de haber hecho entrar a sus discípulos en una barca, Jesús fue al monte
a orar. Pero no se olvidó de ellos.
Siguió vigilando. Cuando un fuerte viento levantó olas e hizo que
remar se convirtiera en un pesado esfuerzo, Él vio el apuro en que se encontraban.
Pronto estuvo a su lado calmando sus temores.”
Marcos 6:51
Rodrigo, un amigo leyó este pasaje de la Biblia y le impresiono que Jesús vigilase
la barca después de haber enviado a los discípulos a lo que sabía que pronto se volverían aguas tormentosas.
Al reflexionar Rodrigo acerca de esta historia, una verdad se le hizo evidente;
Jesús nos vigila mientras nos debatimos y acude a ayudarnos cuando lo necesitamos.
Esta verdad cobró nuevo significado para Rodrigo pocos días después, cuando su
médico le dijo que tenía cáncer. Rodrigo sabía que se enfrentaría con aguas turbulentas más adelante, pero sabía también que su Salvador estaría observándole, listo para acudir a su lado en cualquier momento en que enfrentase dificultades.
¿Te estás enfrentando con tiempos difíciles?
Recuerda: Jesús está vigilando la barca.
ANÓNIMO

ORACION

Señor, hazme un instrumento de tu paz.
Que donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, perdón;
donde haya discordia, unión;
donde haya error, verdad;
donde haya duda, fe;
donde haya desesperación, esperanza;
donde haya tinieblas, luz
y donde haya tristeza, alegría.
Que no busque ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender; ser amado, sino amar.
Porque dando es como se recibe;
al olvidarnos, nos encontramos;
al perdonar, es como Tú nos perdonas
y, al morir, resucitamos a la vida eterna.
SAN FRANCISCO DE ASÍS

LEYENDA SOBRE UNA ALEGORÍA BIBLICA

Una antigua leyenda judía habla de dos hermanos.
Uno había sido bendecido con una esposa e hijo, el otro no.
El primero pensaba: Yo tengo una familia que me podrá ayudar cuando sea mayor, en
cambio mi hermano está solo…. Voy a favorecerle llevándole una paca de trigo o avena cada noche sin que él se dé cuenta. El otro pensaba: Yo vivo solo, no necesito tantos alimentos voy a favorecerlo llevándole cada noche un bulto de cereales mientras él duerme.
Así pasaron varios años en que se apoyaron mutuamente sin darse cuenta….
Una noche, ambos hermanos se encontraron a la mitad del camino. Los dos comprendieron lo que el otro estaba haciendo y conmovidos se dieron un fraternal abrazo.
Dios dijo:
“En ese lugar donde los dos hermanos se abrazaron quiero que
sea construida mi casa.
Éste es el monte del Templo de Salomón, en Jerusalén”.
ANÓNIMO

domingo, 2 de mayo de 2010

LA SILLA

La hija de un hombre le pidió al sacerdote que fuera a su casa a hacer una oración para su padre que estaba muy enfermo. Cuando el sacerdote llegó a la habitación, encontró a este pobre hombre en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas. Había una silla al lado de su cama, por lo que el sacerdote pensó que el hombre sabía que vendría a verlo.
-¿Supongo que me estaba esperando?- le dijo.
-No, ¿quién es usted?- dijo el hombre.
-Soy el sacerdote que su hija llamó para que orase con usted; cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que venía a verlo.
- Oh, sí, la silla- dijo el hombre enfermo-. ¿Le importa cerrar la puerta?
El sacerdote sorprendido, la cerró.
-Nunca le he dicho esto a nadie, pero toda mi vida la he pasado sin saber cómo orar. En la Iglesia, he escuchado siempre sobre la oración, que se debe orar y los beneficios que trae pero siempre esto de las oraciones; me entró por un oído y salió por el otro pues no tengo idea de cómo hacerlo.
Esto fue así hasta hace unos cuatro años, cuando conversando con mi mejor amigo me dijo: -
Esto de la oración es simplemente tener una conversación con el Señor.
Así es como te sugiero que lo hagas-... -Te sientas en una silla y colocas otra silla vacía enfrente tuyo, luego con fe lo miras sentado delante tuyo.
-No es algo alocado el hacerlo, pues Él nos dijo:
-“Yo estaré siempre con ustedes”
Por lo tanto, le hablas y lo escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo ahora mismo.
-Es así que lo hice una vez y me gustó tanto, que lo he seguido haciendo unas dos horas diarias desde entonces”. -Siempre tengo mucho cuidado que no vaya a verme mi hija... Pues me internaría de inmediato en la casa de los locos.
El sacerdote sintió una gran emoción al escuchar esto y le dijo al hombre que era muy bueno lo que había estado haciendo, y que no cesara de hacerlo, luego hizo una oración con él, lo bendijo, aplicó los santos óleos y se fue a su parroquia.
Dos días después, la hija del hombre llamó al sacerdote para decirle que su padre había fallecido. El sacerdote le preguntó:
-¿Falleció en Paz?-.
-Sí, cuando salí de la casa a eso de las dos de la tarde, me llamó y fui a verlo a su cama; me
Dijo lo mucho que me quería y me dio un beso.
-Cuando regresé de hacer las compras una hora más tarde, ya lo encontré muerto.
-Pero hay algo extraño en su muerte, pues aparentemente justo antes de morir se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella.
Así lo encontré.
-¿Qué cree usted que pueda significar esto?-.
El sacerdote se secó las lágrimas de emoción y le respondió:
Ojalá todos nos pudiésemos irnos de esa manera.
ANÓNIMO

LAS CUATRO ESPOSAS

Había una vez un rey que tenía cuatro esposas.
Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás y la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas. Sólo le daba lo mejor.
También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.
También amaba a su segunda esposa. Ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles.
La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca.
Sin embargo, él no amaba a su primera esposa y aunque ella le amaba profundamente, él apenas se fijaba en ella.
Un día, el rey enfermó y se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo. Pensó acerca de su vida de lujo y caviló: Ahora tengo cuatro esposas conmigo pero, cuando muera, estaré solo.
Así que le pregunto a su cuarta esposa: Te he amado más que a las otras, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?
¡Ni pensarlo! Contestó la cuarta esposa y se alejó sin decir más palabras. Su respuesta penetró en su corazón como un cuchillo.
El entristecido monarca le pregunto a su tercera esposa: Te he amado toda mi vida. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?
¡No! Contestó su tercera esposa. ¡La vida es demasiado buena! ¡Cuándo mueras, pienso volverme a casar! Su corazón experimentó una fuerte sacudida y se quedo frío.
Entonces preguntó a su segunda esposa: Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí. Cuando muera, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?
¡Lo siento, no puedo ayudarte esta vez!-Contestó la segunda esposa. -Lo más que puedo hacer por ti es enterrarte.
Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devastó al rey.
Entonces escuchó una voz: Me iré contigo y te seguiré dondequiera tú vayas. El rey dirigió la mirada en dirección de la voz y allí estaba su primera esposa. Sé veía tan delgaducha, y alicaída. Profundamente afectado, el monarca dijo: ¡Debía haberte atendido mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo!
En realidad, todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas.
Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo. No importa cuánto tiempo y esfuerzo invirtamos en hacerlo lucir bien, nos dejará cuando muramos.
Nuestra tercera esposa son nuestras posesiones, condición social y riqueza. Cuando muramos, pasarán a otro.
Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos. No importa cuánto nos hayan sido de apoyo a nosotros aquí, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro.
Y nuestra primera esposa es nuestra alma, frecuentemente ignorada en la búsqueda de fortuna, de poder y los placeres del ego. Sin embargo, nuestra alma es la única que nos acompañará dondequiera que vayamos.
¡Así que, cultívala, fortalécela y cuídala ahora!
Es el más grande regalo que puedes ofrecerle al mundo.
¡Déjala brillar!
ANÓNIMO